Lo informó la Federación Rusa de Ajedrez.
Es recordado por el Match del Siglo contra Fischer en Islandia, en plena Guerra Fría.
Lima, 27 de febrero 2025.- El ajedrecista ruso Boris Spassky, célebre especialmente por su duelo con el estadounidense Bobby Fischer en 1972, en plena Guerra Fría, murió a los 88 años. Así lo confirmó este jueves la Federación Rusa de Ajedrez.
«Se ha ido una gran personalidad, generaciones de jugadores de ajedrez han estudiado y estudian sus partidas y su obra. Es una gran pérdida para el país», indicó el presidente de la Federación Rusa de Ajedrez, Andrei Filatov, citado por la agencia TASS.
«Uno de los jugadores más talentosos de su generación, el décimo campeón del mundo Boris Spassky, falleció a la edad de 88 años», lo despidió la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez).
Se consagró en el Campeonato Mundial en 1969 y retuvo el título hasta 1972. Ya estaba en la historia del ajedrez. Pero ese año iba a convertirse en protagonista de una leyenda.
En Islandia enfrentó al estadounidense Bobby Fischer, en el Match del Siglo. Spassky defendía su conquista. Fischer había llegado a esa instancia después de pasar el Torneo de Candidatos, en cuya final derrotó a Tigran Petrosian, que quería recuperar el cetro que su compatriota le había quitado.
En Reikiavik se disputaron 20 partidas. Debía haber un 21° encuentro cara a cara, a al que Spassky no se presentó después de casi dos meses de un duelo cruzado por denuncias, acusaciones y paciencia del ajedrecista ruso. La renuncia fue por teléfono, cuando iba tres puntos por detrás del estadounidense.
Fue una serie dramática y que generó fuerte interés en todo el planeta. En el tablero no sólo se jugaba el Campeonato Mundial. Para la época, también se jugaba un capítulo más de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Esa derrota signó su carrera. Fue campeón ruso un año más tarde, pero ya nada fue igual. Se divorció de Larissa en julio de 1974. Y se enamoró de Marina Stcherbatcheff, una empleada de la Embajada Francesa hija de migrantes rusos, con quien quería casarse. En septiembre de 1975 habló de maniobras de las autoridades soviéticas para bloquear el casamiento.
Un año más tarde, finalmente, le concedieron el permiso para mudarse a Francia, donde se radicó durante décadas. Llegó a competir por Francia en tres olimpíadas, entre 1984 y 1988.
Sin embargo, hubo regreso definitivo a Rusia. Se concretó en agosto de 2012, meses después de sufrir un derrame cerebral y también en medio de polémica. Desapareció misteriosamente de su casa de París el 16 de agosto. Su hijo lo encontró en un hospital moscovita y denunció que el ajedrecista había sido secuestrado, con participación de una enigmática mujer que lo trasladó a la Embajada rusa. Era Valentina Alexeevna, su agente desde hacía cinco años.
Tiempo después, los medios rusos reprodujeron declaraciones de Spassky, en las que él decía que en Francia estaba en una situación de «arresto familiar» y que se encontraba en peligro. Pidió el divorcio y, durante los últimos años, lamentó su archivo personal que quedó en París.
El Match del Siglo es uno de los hitos del ajedrez mundial, sobre todo por la personalidad magnética de Fischer. Bibliotecas enteras se dedicaron a desmenuzar sus movimientos y su historia, que también quedó retratada en varias películas, como «La Jugada Maestra».
«Tengo buenos recuerdos de Fischer. No le guardo rencor. Siempre le perdoné el hecho de que se comportara como un niño. Bobby era muy puro y amistoso», recordó en 2015 a su rival, que había fallecido en enero de 2008. «Pertenecía a esa categoría de personas trágicas», lo definió.
Spassky fue más que el rival de Fischer. Fue un gran campeón que sobresalió en la época dorada del ajedrez soviético y un estudioso de otras leyendas.
Lo remarcó otro campeón, Garry Kasparov. «Boris nunca dejó de ser amigo y mentor de la siguiente generación, especialmente de aquellos que, como él, no encajamos cómodamente en la maquinaria soviética», lo despidió el campeón mundial, que supo pelearse con la FIDE y es opositor a Vladimir Putin.
Fuente: Clarín