ZAFARRANCHO AUDITIVO

Redacción 23 de julio del 2018 - 6:26 PM

Por Ántero Flores-Aráoz

Nuevamente se abrió la lámpara de Aladino, pero no para que salieran duendes y genios, esta vez salieron audios aterradores que muestran situaciones no deseadas, así como el grado de descomposición moral de algunas de nuestras autoridades. En tiempos cercanos tuvimos algo similar, no con audios, pero si con filmaciones, nada menos que en el Servicio Nacional de Inteligencia el que, en esos momentos, en los hechos comandaba Vladimiro Montesinos.

Daría la impresión y, no lo sé a ciencia cierta, que estamos frente a otra situación en que se suelta la liebre y todos salen detrás de ella y, en esa forma se distrae la atención ciudadana que descuida actuar frente a los más avezados delincuentes.

Debemos partir de los hechos y, ellos son, que un juez autorizó, con arreglo a ley, las escuchas, las que en consecuencia no fueron ilegales como al principio se creyó, sino ajustadas a ley y, tenían por finalidad investigar crimen organizado y narcotráfico.  No conocemos si algo se logró en esa dirección, pero si se establecieron algunas conversaciones entre autoridades y entre estas últimas y particulares que anunciaban tráfico de influencias entre otros ilícitos.

El asunto es gravísimo de por sí, y ello nos debería obligar a actuar en simultáneo en varias direcciones.  La primera investigar los hechos, establecer si se perpetraron delitos y, de ser el caso, proceder dentro de debido proceso y con ejercicio de la defensa, a sancionar a los infractores con inhabilitación más la condena privativa de libertad.

Adicionalmente y, como está en entredicho nuestro sistema de Justicia, de una vez enfrentar al toro por las astas y hacer la reorganización que desde hace lustros se plantea, pero no se ejecuta.

Sin embargo, hay dos temas en que no se ve actuación desde el Estado, como es la investigación para determinar quién o quiénes filtraron ilícitamente los audios a la prensa, rompiendo la reserva de la investigación, lo que también constituye un significativo ilícito cuya difusión podría alertar a miembros del crimen organizado y narcotráfico, que les permitiría emprender la fuga del país para huir de los brazos de la justicia.

Pero también hay que investigar las motivaciones por las cuales se estarían difundiendo los audios a puchos, como si fueran capítulos de novelas seriales de la televisión. Precisemos qué si bien la difusión por etapas podría ser inocente, únicamente para mantener el interés de la audiencia, también podría no serlo, sino para atraer a los infractores penales para que hagan ofrecimientos de paralización de la divulgación de nuevos audios bajo ofrecimientos de supuestas “recompensas”.  Nuestros antepasados advertían que “si piensas mal, probablemente acertarás”.

Como observamos, hay muchas cosas más que investigar a los escuchados en los audios, ello es parte pero no es el todo, podrían existir otras personas a las que podríamos calificar como “peces gordos”.