¡Y AQUÍ NO PASA NADA!

Redacción 06 de julio del 2018 - 1:53 PM

Por Ántero Flores-Aráoz

El título de este artículo es una ingeniosa frase que no se cansaba de repetir un comentarista deportivo cuando narraba partidos de futbol, especialmente cuando no había jugadas trascendentes ni menos anotación de goles.

Bueno pues, lo mismo podríamos decir del Congreso, que viene haciendo de la vista gorda el comportamiento del congresista que grabó en forma oculta y subrepticia las conversaciones mantenidas con sus colegas y supuestamente amigos.

Además, sin conocimiento de sus interlocutores y menos consentimiento de ellos, hizo públicas las conversaciones, con el agravante que parecerían trocadas, quizás editadas o por lo menos borradas parcialmente.

Nada tiene que ver con el actuar antiético del infractor de los principios de lealtad, respeto y consideración a sus colegas, con el hecho que las citadas grabaciones pudieren acreditar tratos indebidos y negociaciones incompatibles, que al final de cuentas fueron el detonante de la renuncia del Presidente que eligieron la mayoría de los peruanos en el proceso comicial del 2016.

A los parlamentarios que fueron grabados con evidente mala fe, traicionados en la mutua confianza entre colegas, e incluso podríamos decir espiados, se les levantó el fuero parlamentario habilitando al Poder Judicial para que fueran procesados penalmente y, además disponiendo que el Ministerio Público procediera a formalizar la denuncia correspondiente.  Se les suspendió en el ejercicio de sus funciones parlamentarias, siendo sustituidos -supuestamente en forma temporal – por sus accesitarios.

Al congresista infractor de la confianza de sus colegas, y dejando de lado la transgresión de la confidencialidad de conversaciones privadas, no le pasa nada, con lo cual en la práctica se le paga su inconducta, por más que ella haya sido revelar asuntos de interés público además de interés ciudadano. Y como complemento podríamos también decir, lo certero de la aseveración de que “otorongo no come otorongo” que nos lleva a la convicción que los temas de investigación por transgresión de normas éticas congresales, no debieran ser procesados por Comisión conformada por otros colegas parlamentarios.

En el caso al que nos referimos se han afectado derechos constitucionales como el de la intimidad personal y la inviolabilidad de comunicaciones, pues se habría también grabado conversaciones telefónicas con nocturnidad y alevosía. La transgresión es grave, pues la protección constitucional de la intimidad es tan amplia que se prohíbe a los servicios informáticos, computarizados o no, públicos o privados, suministrar informaciones que la afecten.

¿De qué sirve que el “Reglamento del Congreso de la República”, que tiene fuerza de ley, obligue a los miembros de ésa Institución a “mantener una conducta personal ejemplar… y observar las normas de cortesía de uso común…”?   En este caso no sirve para nada, como tampoco sirve el precepto del “Código de Ética Parlamentaria” que dispone la obligación de los congresistas de tratar sus colegas con “respeto”, siendo la investidura parlamentaria “incompatible con una conducta que atente contra ….las buenas costumbres”.

Como vemos, aquí tampoco pasa nada.