VISITA PAPAL

Redacción 06 de octubre del 2017 - 2:12 PM

Por Ántero Flores-Aráoz

Si creíamos que las locuras colectivas solamente existían en otras latitudes, pues craso error. También las tenemos.

Entre las demenciales situaciones internacionales, tenemos el resurgimiento del nazismo en Alemania, los actos homicidas y suicidas de seguidores del llamado “Estado Islámico”, y las contiendas, hasta ahora verbales, entre Kim Jong-un (Corea del Norte) y Donald Trump (Estados Unidos), entre otras.

Sin tanto peligro como las mencionadas y con mucho menor secuela internacional, la visita al Perú del Papa Francisco, dentro de pocas semanas, parecería que ha desatado una crisis de demencia colectiva en ciertos sectores nacionales, sobre todo en los oficiales.

Lejos de estar pensando en las bendiciones del Santo Padre, lejos de acompañarlo a orar por sus buenas intenciones, se agota el intelecto de algunas autoridades en hacer elucubraciones sobre el lugar que sería el adecuado para la ceremonia central en Lima, en la que se dirigirá a toda la feligresía.

La Iglesia ha nombrado a su representante para todo lo vinculado con visita del Papa, al igual que el Gobierno Peruano ha nombrado al suyo, que es el Ministro de Trabajo, y que en consecuencia deberían definir todo lo relacionado con tal visita. 

Sin embargo, y ¡oh sorpresa! diversas autoridades “metieron su cuchara”, les corresponda o no, y lo peor es que lo hicieron públicamente, y no en los espacios reservados destinados a sus deliberaciones y toma de decisiones.

Lo cierto es que la autoridad eclesiástica puede sugerir el lugar de la multitudinaria concentración, pero ello tiene que ser evaluado por las autoridades nacionales que están obligadas a prestar la protección debida a quienes participen en el acto litúrgico y preservar el orden público.  Consecuentemente no es una decisión dejada a la discrecionalidad de los promotores del acto y de quienes tienen que aprobar su localización, se trata de un tema técnico en que se deben estudiar accesos y salidas, colocación de servicios sanitarios, ubicación de puestos de primeros auxilios, entre muchas otras cosas, pero prioritariamente las facilidades para ingreso y retorno del Papa, con las seguridades que requiere.

El Vice Ministro del Interior salió a la prensa pronunciándose sobre el litoral de Magdalena, los alcaldes del distrito y distritos circundantes hicieron lo propio, un alto jefe de la FAP sugirió Las Palmas, la Presidenta del Consejo de Ministros dio su parecer, el Presidente del Congreso se metió en la colada, y hasta comprometieron al Presidente de la República respecto a sus diálogos con el Papa, que además es un Jefe de Estado.

Las radios y televisoras abrieron sus micrófonos para conocer la opinión de los vecinos, la prensa escrita dijo lo suyo, las encuestadoras hicieron estudios de opinión sobre el lugar más conveniente.  Todos, en demencial actitud colectiva, entrometiéndose en un tema que es técnico y que felizmente ya resolvieron las autoridades internamente.

Antiguamente se les conocía a los entrometidos como “metementodo” e incluso “hueleguisos”.  Pues bien, a oler en sus cocinas, pero dejen las decisiones técnicas a quienes les corresponde tomarlas.