VALERIANA PLUS

Redacción 02 de octubre del 2018 - 11:00 AM

Por Antero Flores-Araoz

Durante varios días ha habido un enconado enfrentamiento entre las fuerzas opositoras en el Congreso y el Poder Ejecutivo, este último encarnado en el Presidente Vizcarra y el jefe del gabinete ministerial César Villanueva.

La manzana de la discordia fueron los cuatro proyectos de reformas constitucionales presentados por el Gobierno al Parlamento, bajo la motivación que eran para luchar contra la corrupción.  Lo cierto es que ninguno de tales proyectos tiene que ver con tal situación, ya que uno de ellos era para modificar la composición del Consejo Nacional de la Magistratura, otro para la no reelección parlamentaria, el tercero para resucitar el Senado como segunda Cámara, y el último respecto al financiamiento de las agrupaciones políticas.

Mañana, tarde y noche, el Congreso era acusado de demorón, se repetía hasta el cansancio que los proyectos estaban en ese Poder del Estado cuarenta días sin que nada se hubiera avanzado, aunque escondiendo que ellos se habían presentado en los primeros días de agosto, cuando recién se nominaban los integrantes de las comisiones dictaminadoras parlamentarias, ellas elegían sus directivos y se recibían los proyectos para su estudio, evaluación, debate y dictamen.

 Como vemos, injusta la acusación, más aún cuando desde antes de que se hubieran presentado los proyectos de enmiendas constitucionales, en el seno de la Comisión de Constitución del Congreso ya se venían evaluando otros proyectos sobre la reposición del Senado, invitando a diversas personas a que emitieran sus opiniones.  Soy testigo de ello por haber sido convocado por la Comisión mencionada.

Hubo amenazas de cierre del Congreso, si es que el Gabinete, haciendo cuestión de confianza, no lograse que se aprobaran en su texto propuesto las susodichas reformas, con la respuesta soterrada de algunos opositores de plantear la vacancia presidencial.

Los dimes y diretes en aumento, las discusiones sobre los alcances jurídicos de las propuestas y el sentido de la cuestión de confianza, eran materia de los comentarios cotidianos, aunque nadie los entendía.  Lo cierto es que hubo comunicaciones del Ejecutivo al Legislativo, convocatoria a sesión de urgencia y otorgada la cuestión de confianza por el Congreso con la misma maña con la que había sido planteada por el Ejecutivo.

Hubo dual discurso tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, y cuando se creyó que las aguas llegaban a su nivel con la reunión del Presidente Vizcarra con los voceros de las bancadas legislativas, nuevamente el Premier enarboló las tesis belicistas, extraño en su temperamento usualmente conciliador.

La sensación ciudadana fue que el Gobierno había “pechado” al Parlamento, que sin explicitarlo se siente humillado, y cuando ello sucede nace el rencor y el ánimo de venganza, lo que se puede materializar en la fiscalización de los Decretos Legislativos emitidos por el Ejecutivo y en las citaciones exageradas a ministros desde el Congreso.

Es hora, que todos se calmen, y como decían nuestras abuelas, que tomen su valeriana, a nadie conviene estériles enfrentamientos, muchas veces provocados por “opinólogos” y alguna prensa irresponsable, que por lograr rating es capaz de promover la guerra.