TUSÍLAGOS

Redacción 29 de enero del 2019 - 7:33 PM

Por Antero Flores-Araoz

Después de leer, escuchar y visualizar las noticias sobre los aniegos de desagües producidos en el distrito más poblado del Perú, esto es San Juan de Lurigancho, se ha quedado grabado en la mente de los ciudadanos el nombre de una calle, que es Tusilagos.

Lo señalado es porque por esa calle han discurrido en mayor volumen y velocidad, las aguas servidas y miasmas que emergieron de las grandes tuberías de aguas servidas del Distrito en cuestión, cuyos habitantes si conocían el nombre de “tusilagos”, aunque para el actor de esta nota recién lo conoció hace pocas semanas al concurrir a “Best Canal”, al que se llega por ésa avenida.

Como comprenderán el nombre me ocasionó curiosidad y al buscarlo en el diccionario me encontré que se trataba de una planta.  Dicho esto, vamos al motivo de esta columna, la que tiene por finalidad tres gruesas reflexiones relacionadas con la demora en reparar las tuberías dañadas; limpiar las calles, predios, casas y comercios afectados; trasladar a los enfermos a establecimientos de salud; conseguir para los damnificados albergues temporales; solucionar las carencias alimentarias, así como restablecer el agua potable.

La primera reflexión es sobre la falta de criterio de parlamentarios y parte de la prensa, quienes reclamaban la inmediata investigación de los motivos del tremendo aniego, identificar a culpables, así como sancionarlos. Hicieron concurrir al Congreso a ministros de Estado, a funcionarios de la empresa concesionaria del servicio de agua potable, alcaldes y varias otras autoridades. ¿Qué lograron? Pues perturbar las tareas en que estaban comprometidos para lograr que las cosas vuelvan a la normalidad.  Cierto es también que algunas autoridades sólo fueron a la zona para la foto, pero los ciudadanos son más perspicaces de lo que uno cree y distingue a los que trabajan de los “figuretis” que están solo para la fotografía, cuidando que ella salga en los medios.

La segunda reflexión es sobre la falta de eficiencia para enfrentar el problema, como deficiencias en el traslado oportuno de los enfermos, limpieza tardía de lo dañado, retiro también tardío de lo que se malogró, inusitada demora en el arreglo de las tuberías afectadas, así como en el retorno del suministro de agua potable.  Pese a ello es destacable, positivamente, la solidaridad de quienes han llevado ayuda humanitaria a los damnificados, como es agua, alimentos, ropa y medicinas. 

La última reflexión es respecto a las demoras incurridas, reseñadas anteriormente, pero teniendo en cuenta que los afectados por los aniegos son algo más de dos mil personas, los inmuebles dañados alrededor de doscientos y circunscritos en una sola pequeña área del distrito, aunque el desabastecimiento de agua si ha perjudicado a miles y miles de personas.

Si con tan reducido número de afectados y en área reducida, no nos queremos ni imaginar lo que sucedería frente a un sismo o un sunami de proporciones.  Francamente sería un caos, motivo por lo cual hay que revisar todos los protocolos, instructivos y planes para casos de desastres.