TERRORISMO A SECAS

Redacción 26 de diciembre del 2018 - 11:15 AM

Por Ántero Flores-Aráoz

Un excelente amigo originario y residente en Pamplona, venía al Perú con mucha frecuencia, pues conducía una langostinera en Tumbes y negocios inmobiliarios en Lima.  Una característica de los españoles del norte de su península, entre ellos los catalanes, los navarros y los vascos, es que sus expresiones son por lo general duras, no entran en maquillajes verbales ni nada que se les parezca, llaman al pan pan, y al vino vino.

Cuando su esposa venía a acompañarlo al Perú, pocas veces por cierto, se sorprendió que usase exageradamente diminutivos, y en lugar de solicitar en el hotel un jugo, pedía un juguito, unos huevitos revueltos, una sopita, y ella le decía: “Jesús que te han hecho en esta tierra”.

Lo señalado viene al caso, por lo que me voy a referir, y que es el tratamiento idiomático que por lo general se da en nuestra patria al terrorismo, dentro de nuestra costumbre de usar diminutivos y otras expresiones menos fuertes.

En efecto, observamos en las noticias, en las narraciones que se dan en medios de prensa de todo tipo y, hasta en informes oficiales, dictámenes y sentencias, sin olvidarnos de discursos y exposiciones, que al terrorismo frecuentemente se le nombra como, violencia política, y a los tiempos más aciagos del terrorismo, se le llamaba años del conflicto interno. Incluso, y lo que es peor, a los terroristas o “terrucos” en jerga de sierra, se les denominaba “activistas”, lo cual ya hemos tratado anteriormente en otros artículos.

La mala costumbre expuesta en el párrafo anterior, alcanzó también a nuestras Fuerzas Armadas, por lo que fue necesario -hace cerca de diez años- aprobar una directiva disponiendo proscribir enunciados como “violencia política”, “conflicto o guerra interna”, entre otros, como si fueran sinónimos de “terrorismo” o de “violencia terrorista”.  Pues no lo son, llamemos a los terroristas por su nombre y no “activistas”, y al terrorismo tal cual.

Recientemente un conocido Fiscal, esto es, integrante del Ministerio Público, y de inocultable presencia pública por los sonados casos que tiene a su cargo, en un evento internacional se refirió al terrorismo como si fuese “guerrilla” o “guerra civil”.  Si bien es verdad que ello no está prohibido, es mejor llamar a las cosas por su nombre, sin temor ni remilgos, los terroristas no son guerrilla, ni rural ni urbana, que luchan contra una dictadura, son delincuentes terroristas que matan a seres humanos y que destruyen la propiedad pública y privada, y que adicionalmente se unieron a los narcotraficantes para constituir carteles de la droga. Tampoco emulan a Robín Hood.

La denominación “guerra civil” como terminología similar al terrorismo, tampoco es certera.  No hemos ni tenemos dos bandos en lucha armada, tenemos a delincuentes terroristas que siembran pánico con torvos propósitos ya conocidos, por lo que invocaremos hasta la saciedad el buen uso del idioma, no como cuestión académica ni porque nos mueva afanes docentes, simplemente porque el terrorismo no puede diluirse ni empequeñecerse con palabras y frases de menor calibre, y peor cuando provienen de autoridades del sistema de justicia.