PROGRAMAS EDUCATIVOS

Redacción 21 de noviembre del 2018 - 6:18 AM

Por Ántero Flores-Aráoz

Lastimosamente, para no decir muy lamentable, en los últimos tiempos el interés de autoridades, maestros y padres de familia, en relación con la enseñanza de todos los niveles escolares, se concentra en si en los programas curriculares habrá educación sexual o no, y si se irá a la enseñanza de nociones sobre la ideología de género, esto es la influencia que podrá tener la sociedad, en cambiar los dos únicos sexos desde que existe la creación, a géneros en número mayor al dígito, y las consecuencias que ello podría conllevar en niños y jóvenes cuya formación no ha concluido y que puede inducir a caminos insospechados y  probablemente no queridos.

Qué bueno sería que analicemos y discutamos sobre metodologías de enseñanza, sobre formación en valores, además del aprendizaje de las materias, la comprensión lectora y la iniciación en innovación científica y tecnológica.  No señor, nos quedamos con la pizarra y la tiza, olvidando que lo primordial es la actualización del profesorado, para estar en capacidad de llevar adelante la modernización educativa que requieren nuestros estudiantes, rezagados en la totalidad de encuestas e indicativos de suficiencia que se hacen comparativamente por entidades internacionales especializadas en tales estudios.

En lugar de tener claramente definidas políticas de Estado sobre la materia educativa, creemos que hemos avanzado con solo propulsar la meritocracia para el ascenso de los miembros del magisterio y para definir sus remuneraciones. Es importante pero no es lo único, falta muchísimo, tenemos que pensar en como será el universo, nuestro planeta en especial, dentro de pocos lustros en que existirán más personas sustituidas por robots, avances en las comunicaciones y en el mundo digital y también en el gobierno digital. Inexorablemente todo ello debe tenerse en cuenta para la reforma educacional, que se supone hemos emprendido.

A veces somos tan “elementales”, para no hacer calificativos que podrían ser ofensivos, que en reuniones empresariales de alto nivel como son los CADE anuales, se aplaude a raudales a un ministro que mantuvo computadoras de adorno en los almacenes de su sector, que pudiendo adquirir elementos de robótica para sustituir los que habían sufrido penoso siniestro y para los que contaba con recursos de la indemnización de su aseguradora, no lo hizo y,  que encima, gastó millones de millones de nuestros impuestos en pagar innecesarias y onerosas consultorías, que bien pudieron realizar el amplísimo personal de la planilla del Ministerio de Educación con sus asesores.

No es posible que ante la carencia de claras y definidas políticas de Estado en materia educacional, estemos permanentemente cambiando programas curriculares, a gusto de cada gobierno que se sucede e, incluso, dentro del mismo gobierno cada vez que cambia el titular del pliego. Pero no solo ello, nos quedamos en las formas y no en el fondo, fijándonos más si tenemos libros-cuadernos o tenemos separados libros de cuadernos, llegando al extremo de estériles discusiones parlamentarias en que se cita a ministros, más que para informarse, para torturarlos anímicamente con cada expresión que ni en Maranguita es usual. ¡Más seriedad señores!