POLÍTICA JOVEN

Redacción 15 de octubre del 2018 - 8:07 PM

Por Antero Flores-Araoz

Estimulado por la realización de elecciones regionales y municipales, quise cerciorarme sobre la supuesta indiferencia de los jóvenes respecto a la política, y francamente me encontré con sorpresas.

Para tal efecto, reuní por un lado a mis nietos, cuatro de los cuales son universitarios y electores, aunque ninguno para convertirse en abogado, así como a un grupo de sus amigos, y por otro a los practicantes, asistentes y abogados jóvenes con quienes comparto tareas de carácter jurídico.  Les pedí a ambos grupos que hicieran una tormenta de ideas y analizaran lo que pasaba con la política peruana, desde el punto de vista de la gente joven.

Por lo general ambos grupos coincidieron en su enfoque situacional, aunque divergieron en las propuestas de soluciones, pues las propuestas de quienes tenían formación legal tuvieron más inclinación a acciones de impronta jurídica.

Como visión de nuestro acontecer, encontraron que estábamos dentro de una crisis moral que afectaba principalmente al aparato público y político, y que derivaba en afectación a la institucionalidad del país, al descrédito de los políticos en general, al reinado de la corrupción y al desinterés de los jóvenes en comprometerse con las actividades políticas.

Agravado lo antes señalado, con la percepción de la poca preparación profesional y ética principalmente de los parlamentarios que superaban largamente, en descrédito, a los ministros, a quienes veían distantes, algunos con elemental discurso, pero sin realizaciones que mostrar. Empero gran parte de todos ellos, además de autoridades regionales y municipales, abocados al tráfico de influencias y al favoritismo con visos de corrupción, antes que resolver problemas como la reconstrucción del norte y el friaje, entre otros.

Los jóvenes observan la política en forma lejana, con la apreciación que estamos frente a un circo, que es espectáculo carente de sentido con dimes y diretes que alcanzan la categoría de lo cómico y que sus actores “son cortados por la misma tijera” en que son pocos los que se salvan.

En lo que se refiere a la percepción de nuestra justicia, mencionan que se ha convertido en mercancía con precio establecido, que puede llegar incluso a tarifarios.

Luego de su mirada crítica, los jóvenes convocados coincidieron en que había que darle curso a la formación en valores, desde el hogar y escuela, y que, para tener mejores jueces y fiscales, las universidades de prestigio deberían estimular su preparación a fin de mejorar sus calidades profesionales. Agregaron que las universidades deberían enrumbar hacia la profesionalización de funcionarios públicos para reducir su falta de formación, facilitando a los actuales funcionarios diplomados adecuados con sistemas educativos no presenciales y semi presenciales.

En cuanto a las relaciones entre los Poderes del Estado, enfilaron hacia la necesidad de coordinaciones eficientes entre Ejecutivo y Legislativo, para la existencia de una agenda común pro Perú, siendo incrédulos respecto a si las propuestas de reforma constitucional sean eficaces, aunque sugiriendo que se restrinja la inmunidad y la licencia que otorga el Parlamento para el procesamiento de altos funcionarios de la República.

Mencionaron también que los partidos requieren de escuelas formativas, pues los jóvenes no están solo para hacer barra. Sus propuestas recobran mi fe en el futuro.