PÉSIMA LECCIÓN

Redacción 11 de septiembre del 2017 - 9:45 AM

Por Ántero Flores-Aráoz

La carrera magisterial escolar, durante décadas, fue perdiendo el prestigio que tiempo atrás tuviera; y con la significativa reducción del poder adquisitivo de sus magras remuneraciones, desmotivó a seguir estudios en Educación a miles de probables maestros.

Por lo antes señalado hemos visto con simpatía los reclamos remuneracionales de los profesores, pues sabíamos que para subsistir (no digo vivir por si acaso) tenían que enseñar en dos o tres sitios en el día, lo que no les daba tiempo para ser prolijos en la corrección de pruebas, tampoco en la preparación de clases y menos aun para adquirir modernos conocimientos e incursión en la informática actual.

Debido a las huelgas magisteriales, mejor dicho a las acciones de violencia que las acompañan, el reconocimiento al profesorado sufrió grave desmedro e incluso el apoyo a su causa reivindicatoria perdió adeptos.

No soy de los que denigran la labor magisterial, pues vengo de familia de maestros, tanto por rama paterna como materna. Con nombres, pelos y señales, por el lado paterno a María Rosario Aráoz y por el materno a mi abuela Zenaida Moselli Conroy y su hermana Dorlisca.

Una pena que los tiempos hayan cambiado y hoy muchísimos maestros olviden su vocación magisterial y por un reclamo salarial, dejen a los niños y jóvenes sin clases dos meses y encima condicionen su recuperación.

¿Qué pueden pensar los escolares? cuando sus maestros no quieren evaluación, pero ellos se encargan de evaluar e incluso jalar a los estudiantes desaprobados. Obviamente descalificarán a sus maestros, sin descartar que también deseen no tener evaluaciones, pues el mal ejemplo cunde.

¿Qué pueden también pensar los escolares? cuando desde el Estado se otorga aumento retributivo al magisterio, que si bien es menor de lo que los maestros necesitan y merecen, supera a las posibilidades de la Nación, sobre todo en tiempos que se han complicado con los mayores desembolsos para reconstruir las localidades dañadas por el Niño Costero y los efectos de paralización de obras públicas encargadas a constructoras brasileñas de no santas costumbres.  Los estudiantes apreciarán la enseñanza, que no es otra que descartar el interés colectivo para circunscribirse al personal.  Es otro mal ejemplo.

¿Qué pensarán los estudiantes? al observar que sus profesores, que además de instruirlos, deben educarlos en valores, arrojan piedras a la Policía, rompen ventanas, hacen añicos parques públicos, impiden el tránsito de vehículos y personas tanto dentro como fuera de las ciudades, gritan desaforadamente llegando hasta el insulto.  La respuesta es obvia, para algunos ello es un pésimo ejemplo que debe ser descartado de su intelecto, pero para otros menos preparados, es una válida enseñanza de hacer lo que venga en gana, y así sea delito, tendrá impunidad.  Los maestros enseñando a no respetar la ley e incluso perpetrar actos delictuosos.

Si los maestros tienen sus pliegos de reclamos, los ciudadanos tenemos el nuestro: enseñen mejor, prepárense bien, sométanse a las evaluaciones de meritocracia y no den el triste espectáculo que hemos visto en su huelga.