MALETEO

Redacción 22 de noviembre del 2017 - 2:04 PM

Por Ántero Flores-Aráoz

Escogí “maleteo” como título de esta columna, que proviene de “maletear”, que como señala la lingüista Martha Hildebrandt “es de amplio uso en el habla coloquial peruana y que puede referirse a una serie de actividades ….. que se ejercen contra alguien para perjudicarlo”.

El maleteo lo recibimos los que tenemos que viajar, principalmente por vía aérea, en diferentes escenarios y por diversos “maleteros”.

El primer maleteo se sufre en la puerta del Aeropuerto, en que el personal de seguridad asignado, pese a verte con maletas te pide –perdón, te ordena y con malas formas- exhibir el pasaporte o el DNI, así como el “pase de abordaje” que no necesariamente lo portas, pues usualmente lo dan en el mostrador de la línea aérea en que vuelas. Si muestras los documentos, ni los miran, simplemente lo pidieron para maletearte, pues nadie en su sano juicio irá al aeropuerto con maletas para pasearse con ellas en el interior del recinto.

Por donde vayas te exigirán presentar el pasaporte y el pase de abordaje.  En mi último viaje conté siete veces tal exigencia, que sea de paso te provoca olvidarte de la “santa paciencia” y contestar con alguna interjección no aprendida en casa.

El personal del mostrador de la línea aérea al igual que el de Migraciones, son la excepción a la regla, pues son bien educados.  Al pasar la seguridad, un poco más y hay que hacer nudismo, pues tienes que sacarte buena parte de la vestimenta.  Al pasar el control te exigen poner la computadora personal fuera del maletín, sin hasta ahora tener claro cual es la diferencia en pasarlo por el escáner dentro o fuera de él.

La última vez me preguntaron con energía: ¿Qué lleva en el bolsillo? Y saqué mi pañuelo, mostrando su utilidad. ¿Para qué la pregunta? Ni me lo imagino, pues se supone que con el escáner sabrán que llevas en los bolsillos.

Cuando ingresas a la aeronave, en fila interminable, hay personas que portan maletines, paquetes, botellas adquiridas en las tiendas libres de impuestos, y diversas prendas de vestir por si en el lugar de destino hay frío o intensa lluvia. Peor que viajar en ómnibus por la Avenida Aviación cuando existía el Mercado Mayorista.  Evidentemente todo eso no cabe en el porta equipaje de mano, y cuando te toca el turno de colocar tú maletincito ya no hay sitio y tienes que llamar al asistente de vuelo.

Si el vuelo no es directo y debes hacer parada o conexión en Centro América, principalmente en El Salvador, la cosa es más grave pues muchos de los que allí se embarcan con destino a los Estados Unidos, llevan el famoso “Pollo Campero” que con su olor impregnado en la ropa de todos los viajeros, no logras quitarlo ni con la colonia de alto prestigio y elevadísimo precio.

Los baños son utilizados sin tener en cuenta que luego tendrá otros usuarios que merecen respeto, y encima un poco más y pugilato con el del asiento de adelante para que no lo recline y te deje ingerir los alimentos.

Ni cuento lo que es la salida en el angosto pasillo, en que todos pretenden levantarse y salir al mismo tiempo, y que al sacar sus maletines te “maletearán” con golpe en la cabeza.  Además al sacar la maleta de la banda de transmisión muy probablemente la habrán “maleteado” y tendrás que conseguir un repuesto.

No cuento más para no sulfurarme.  Hasta en los vuelos son necesarios los buenos modales.