LOS DISCURSOS PARLAMENTARIOS DE JOSÉ ANTONIO ENCINAS

Redacción 29 de enero del 2019 - 5:56 PM

Escribe: Alberto Ríos Ramírez

El año 2013, bajo el sello del Fondo Editorial del Congreso, así como la prolija y cuidadosa selección de textos del diario de debates de la Cámara de Diputados del sociólogo, Guillermo Nugent, se publicó el libro ENCINAS José Antonio – La Libertad de Pensamiento – Discursos Parlamentarios TOMO I. El texto comprende 93 discursos y aborda diversos temas que eran de su genuina preocupación cuando ejerció la representación de Puno, desde su elección en 1919 hasta su deportación en 1924 por oponerse a la reelección del presidente Augusto B. Leguía.

Así, por ejemplo, el 16 de enero de1920, en su intervención ante el pleno de  Cámara de Diputados  expresó su preocupación por que los ciudadanos conozcan el trabajo que realizaban sus legisladores y juzguen por sí mismos el valor de su voto confiado en las urnas. “Solicito  a la Presidencia de la Comisión respectiva, acuerde de una vez la empresa periodística que debe encargarse  de la publicación del Diario de Debates, porque esa es la única forma de que los pedidos que nosotros hacemos aquí puedan llevarse al público de forma tal que no solo interpreten con veracidad, lo que expresan los señores representantes, sino que demuestre al público que nosotros vigilamos con todo interés sus necesidades”. Encinas rechazaba el silencio, para evitar que los intereses  de unos pocos poderosos  sean los que determinen qué se hace público y que no, evitando de esta manera el abuso del poder y poniéndole límites por el bien de la Patria.

En ese mismo discurso, abordó también el siempre espinoso tema del  acceso a la justicia. “Yo, señor no quiero, que en esta nueva época democrática nuestra, se repita la trágica historia de Jean Valjean; no deseo eso señor. Aquí con frecuencia, un pobre obrero, un indígena, comete un delito por una premiosa necesidad de la vida y, entonces, sobre él caen desde el guardián del orden público hasta las leyes penales; así, mucho de estos pobres indígenas, por haber robado un pedazo de pan se encuentran en la cárcel. Sin embargo, otros, de los grandes, de los que han dilapidado la fortuna de la patria, de los que han cometido estafas por grandes sumas, entre ellos, la estafa de los Godoy, son indultados: la Cámara Pardista indultó a estos señores y yo no quiero que se repita. Lo que deseo señor es que las leyes sean perfectamente iguales para todos los que viven en el territorio peruano. Si uno que ha delinquido es poderoso, si tiene influencia en la política, debe ser siempre castigado como los pobres obreros o los pobres indígenas”. El  diputado Encinas que demostraba su bagaje cultural al citar a Jean Valjean,  personaje de la obra Los Miserables de   Víctor Hugo, invoca trato justo e igualitario ante la justicia, tanto a los más pobres como a  los más poderosos; esto como un derecho inherente a todo ciudadano y lo expresaba sin ambages y con absoluta claridad.   

El 28 de noviembre de 1919, sobre la libertad de pensamiento y la democracia dijo: “en los países de más pura democracia, jamás puede coactarse la libertad de pensamiento, cualesquiera sean las ideas que fluyan de él. Perfectamente, que vengan aquí las ideas socialistas y las ideas anarquistas; que vengan en buena hora, porque llevan siempre en el fondo un gran aliento, una gran esperanza de renovación social, de que concluya el hambre y la miseria, de que desaparezcan todas las oligarquías, todos los cesarismos, todas las hegemonías, todos los déspotas y en suma todo aquello que se yergue por encima del dolor y la miseria de los pueblos. Si algo resaltaba de José Antonio Encinas es, en  particular, el valor de la libertad de pensamiento que estaba por encima de cualquier otra libertad; por encima de la religiosa incluso, y eso solo se podía expresar en el debate, en el debate político, en el debate y discusión sobre la base de ideas, ideas consistentes, articuladas en temas de interés general. La imagen de fondo traslucía la búsqueda de bien común.    

El 06 de marzo de 1923, ante la cámara de diputados manifestó que “esa teoría del nacionalismo reflejada en el proteccionismo, no puede aceptarse en un país paupérrimo en el sentido industrial como es el Perú. En el Perú no hay verdadera industria. El Perú es un país pletórico de riquezas; sus bosques, sus montañas, sus cordilleras, sus valles, en todas esas regiones, la naturaleza le ha dado riquezas inestimables, riquezas que no son transformadas bajo ningún punto de vista , riquezas que van al exterior y, del exterior son devueltas, en multitud de artículos manufacturados .No es posible , señores , llamar industria nacional por ejemplo a la industria del calzado cuando el cuero, la suela, las estaquillas y el hilo se tren de fuera, no puede llamarse industria nacional del fosforo cuando se traen del exterior las cajas y los ingredientes químicos; no puede llamarse industria nacional a la industria molinera puesto que el 75% – aceptando- las cifras del diputado Devescovi- viene del exterior”. En esta intervención sostiene la defensa de la creación de una industria nacional que consideraba inexistente y que tenía sustento en las riquezas de nuestras regiones.

En el Diario de Debates de la Cámara de Diputados del 27 de marzo de 1923, expresa sobre la situación dela educación de la mujer lo siguiente: “No puede emprenderse el desarrollo de la educación nacional, sino a base de una sólida y liberal de la mujer. En Lima la capital de la República, el Estado no tiene un solo colegio de instrucción media para mujeres. Sino fuera por tres o cuatro colegios particulares que existen, las mujeres que en Lima egresan de las escuelas primarias no tendrían donde continuar estudios de instrucción media. Lo más grave de este problema es la punible influencia clerical, que ha detenido y detiene el progreso de las mujeres. Las garras del clero han cogido el cerebro y el corazón de la mujer en el Perú. Su oposición es tenaz para que la mujer adquiera cultura que está al margen de los dogmas. Bajo este sistema el espíritu de la mujer se aniquila, con detrimento para los intereses de la familia y el país”. Defender la educación y el avance educativo de la mujer en esa época era ser un adelantado a su tiempo, era asumir una posición que muy pocas organizaciones la hacían. Era trabajar los espacios en este caso, la ceración de nuevos colegios de instrucción media para la generación de nuevas oportunidades educativas para las mujeres y lo hizo con la convicción de estar peleando un tema urgente, justo y absolutamente necesario.

 Encinas, a decir del Editor Guillermo Nuggent, tenía la particular virtud de juntar su alma de pedagogo, los temas en verdad eran múltiples y diversos y se puede constatar que muchos se mantienen vigentes y si bien eran críticos y acusatorios, nunca descuidaba la consistencia y calidad de su argumentación.

Los parlamentarios en ejercicio están lejos, pero tan de lejos de las calidades de Encinas, tengo la percepción que la mayoría no lo han leído; es tarea entonces del Oficial Mayor del Congreso que en la Librería del Fondo Editorial del Congreso pongan a disposición los  ejemplares. Creo que podrán pagar, verdad?

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ENCINAS, José Antonio, Por la libertad de pensamiento, discursos parlamentarios. TOMO I. Fondo Editorial del Congreso del Perú. Marzo 2013