LOCURA Y CORDURA

Redacción 23 de septiembre del 2017 - 12:03 PM

Por Ántero Flores-Aráaoz

Probablemente los desencuentros de los últimos tiempos entre el Grupo Parlamentario de Fuerza Popular y el Gabinete Ministerial de Fernando Zavala, se remonten al triunfo de Pedro Pablo Kuczynski respecto a Keiko Fujimori en la campaña presidencial del año 2016, pues como bien dijo el primero de ellos, “ganó por un pelo”.

Sin embargo, no hay que olvidar que por lo general las campañas se ganan más que por los aciertos del triunfador, por los errores del perdedor, y la verdad hubo principalmente el yerro de no deslindar con los dirigentes sospechosos de inconductas.

Ya instalados el actual Gobierno y Parlamento, este le dio al Gabinete Zavala el voto de confianza para que pudiera actuar, aprobó el Presupuesto  General de la República para el presente año, le confirió amplísimas facultades legislativas y también le dio la normativa que requería para la reconstrucción de las obras dañadas por el Niño Costero.

Pese a lo señalado el comportamiento de la bancada parlamentaria mayoritaria, acompañada de algunas otras, fue más que descortés con los ministros que eran citados tanto a las Comisiones del Congreso de la República, como ante el Pleno. En efecto, y llamando a las cosas por su nombre, muchas veces se maltrató a los ministros con calificativos que hasta atentaban contra su dignidad, habiéndonos sorprendido que no se hubieran levantado, retirado de la respectiva sesión, e incluso renunciado al importante cargo.

En mi entender los integrantes del Gabinete Ministerial, fastidiados hasta el hartazgo con las calificaciones que recibían, buscaron un buen pretexto para enfrentar al Congreso y solicitaron confianza para la política educativa que expresaban era socavada en el Parlamento, cuando en realidad lo era por algunos sectores magisteriales que cuestionaban las evaluaciones como mecanismo para impulsar la meritocracia educativa.

No hemos encontrado ninguna ley que atente contra la reforma educativa diseñada desde que fuera hace una década Ministro de Educación José Antonio Chang. Tampoco conocemos de algún proyecto que en sentido obstruccionista de la reforma educativa se hubiera presentado en el Congreso y que pudiere ser aprobado.

El actual Gobierno es quizás el que con más pergaminos, títulos y experiencia llegó al Poder, en materia de desarrollo y fomento de la inversión privada que es la que genera trabajo, por lo cual, con dichos antecedentes causó preocupación que presentara “cuestión de confianza” en el Parlamento cuando el Perú estaba en la mira de todo el mundo al estarse realizando  en Lima la Asamblea del Comité Olímpico Internacional”, ad portas de la reunión mundial de Minería que se realizaría en breves días en Arequipa y para la cual ya estaban llegando las delegaciones de todo el mundo.  Y por si no fuese poco, debiendo el Presidente de la República ausentarse a Estados Unidos de América para participar en la Asamblea Anual de las Naciones Unidas, en adición a diversos encuentros y reuniones relevantes e importantes para el Perú.

Es probable que el Gabinete Ministerial pudiere haber pensado que recibiría la confianza del Congreso, pero este, sintiéndose “pechado” y “atarantado” se la rehusó y se produjo la crisis ministerial con la renuncia del Presidente del Consejo de Ministros y de las demás personas que lo acompañaban en él.

De acuerdo a la Constitución, si el Parlamento deniega confianza o censura a dos gabinetes, el Presidente de la República queda facultado a disolver al Congreso y convocar a nueva elección parlamentaria.  Nos han puesto a todos los peruanos en el trance de que habiéndose denegado ya la confianza a un Gabinete, faltaría solamente en los años que quedan del actual Gobierno, “tumbar” a otro Gabinete para que el Presidente ejerza la atribución constitucional de disolver al Congreso.

No se duda que el Gabinete Ministerial esté autorizado para hacer cuestión de confianza ante el Congreso y que este pueda denegarla, pero en las actuales circunstancias ambas acciones son provocadoras y hay un tufillo de pérdida de serenidad que raya en locura, que esperamos sea temporal, y que las cosas reviertan a la cordura.

El Perú necesita que todas sus autoridades tengan un solo norte, al igual que los ciudadanos, el que no debe ser otro que el bien común en un país desarrollado, con trabajo pleno, y con inversiones que generen clima laboral apropiado.  No hay otra forma conocida de hacer que el país y sus ciudadanos se desarrollen, pues el “maná bíblico” no se ha repetido. No hay forma de alcanzar el bienestar sino con el trabajo, intenso y duro, y hoy en día nadie te regalará nada y nadie te mantendrá y menos el Estado que tiene que dejar de ser la vaca que muchos quieren ordeñar para provecho propio.