LA LLAMADA DE LA TRIBU (*)

Redacción 21 de enero del 2019 - 6:07 PM

Escribe: Alberto Ríos Ramírez 

El desencanto de Mario Vargas Llosa por la revolución cubana, a la que se adhirió con tanto entusiasmo hasta entrados la década del sesenta, llegó a su cúspide con la ruptura a partir del entonces célebre caso del poeta Heberto Padilla y su esposa, Belkis Kusa. El episodio se produce cuando Padilla, quien de activo participante en la revolución,  comenzó a hacer críticas a la política cultural del gobierno cubano y fue acusado y encarcelado bajo el cargo de ser agente de la CIA. Este hecho generó la protesta de gran parte del mundo intelectual, que suscribió un manifiesto de rechazo a la acción del gobierno cubano, el mismo que fue respaldado,  entre otros, por Jean Paul Sartre, Simonne de Beauvoir, Carlos Fuentes, los hermanos Luis Y Agustín Goytisolo, Hans Magnus Enzensberger, Alberto Moravia, José María Castellet. 

A partir de ese entonces, Vargas Llosa inicia un proceso de alejamiento definitivo del socialismo y empieza el tránsito hacia la reivindicación de la democracia y compromiso definitivo con el liberalismoLa Llamada de la Tribu, es un recorrido por los pensadores liberales que marcaron su nuevo destino. Por ejemplo, está Adam Smith, de quien señala que desde su primer libro La Teoría de los Sentimientos Morales,  busca responder qué hace posible la sociabilidad de los hombres, si no es otra cosa que el sentimiento e imaginación que atrae a los extraños y hace que se establezca entre ellos un vínculo que rompe la desconfianza y crea solidaridades recíprocas, tarea imposible si solo nos fijáramos en la razón. Resalta también el texto de la Riqueza de las Naciones que explica al mercado libre como el motor del progreso, donde refiere  que el hombre común trabajando para materializar sus sueños contribuye con el camino  al bien común, lo que constituye la mano invisible que conduce la fuerza del progreso y presupone la existencia de la propiedad privada, la igualdad de los ciudadanos ante la Ley, el rechazo de los privilegios  y la división del trabajo a través de un orden espontáneo. 

Una nación es un plebiscito permanente, escribe José Ortega y Gasset citando a Renán – otro de los intelectuales elegidos-, es una enorme definición que calza a la perfección en el momento de la aparición de la Rebelión de las Masas, que coincide con el surgimiento y ascensión del comunismo y el fascismo, los sindicalismos y el nacionalismo y expresa una visión temerosa de la hegemonía creciente del colectivismo en la vida de las naciones y ubica al individuo en un mundo gregario, lo que constituye un retroceso histórico y una amenaza grave para la civilización democrática. Uno de los valores del libro es que reivindica desde ya la necesidad de la unión europea con una mirada absolutamente premonitoria (1930).

De Friedrich August Von Hayek, indica que liberales y conservadores comparten una cierta desconfianza en la razón y la racionalidad. Un liberal es consciente de que no tenemos todas las respuestas y que las respuestas que tenemos no es seguro que sean las más justas y las más exactas y que tampoco podamos encontrar respuestas a las preguntas que nos hacemos sobre tantas cosas y dominios. Los conservadores en cambio, suelen tener una seguridad muy firme sobre todas las cosas, algo que les impide dudar de sí mismos. Sin duda constante no hay avance de sí mismo. 

Karl Popper con la Sociedad Abierta y sus enemigos, representan un hito indispensable para escarbar el pensamiento liberal.  De Popper, nos expresa que es profundamente progresista porque está impregnado por una voluntad de justicia que a veces se halla ausente en quienes cifran el destino de la libertad en la existencia de los mercados libres, permitiendo, según la metáfora de Isahia Berlín, que los lobos se coman a todos los corderos. La libertad económica que Popper defendía debía complementarse con una educación pública de alto nivel y mecanismos de protección de los más débiles a través de formas de jubilación y desempleo, seguros de trabajo, prohibición de trabajo infantil y una vida cultural intensa que permita   crear iguadad de oportunidades.

Seguidamente, en su libro, Vargas Llosa, hace la descripción de un hombre bajito y narigón de orejas grandes, ojos azules mirada melancólica y sumamente cortés, pensador algo excéntrico en la tradición cultural francesa, amable escéptico que sin mucha fortuna, pero con sabiduría y lucidez, defendió durante más de medio siglo en libros, artículos y conferencias, la democracia liberal contra las dictaduras, la tolerancia contra los dogmas, el capitalismo contra el socialismo y el pragmatismo contra la utopía. Quizás el más entrañable para Vargas Llosa, su querido, Raymond Aron.

Cierran el libro Isaíah Berlín, un apasionado de las ideas y de la influencia que ellas tienen en la conducta de los individuos y las sociedades. Cuando las ideas entran en contradicción con la condición humana, deben someterse para evitar la aparición de las guillotinas. Por último está, Jean Francois Revel. Su mensaje constructivo y reformista lo considera como el camino más corto y transitable para lograr objetivos sociales y revolucionarios. Es defensor de la social democracia como sistema probado y capaz de desarrollar simultáneamente justicia social económica y democracia política.

Uno de los conceptos más relevantes en la Llamada de la Tribu, desde nuestro punto de vista, es que  Una nación es un plebiscito permanente, como solía reseñar, José Ortega y Gasset. Ese parece ser el estado permanente de muchas naciones, y la nuestra en particular, por lo que sostener un estado plebiscitario casi perpetuo exige  una clase política  con un nivel de excelencia en formación y desempeño. Se suele decir que sostenemos un modelo de economía liberal sin mayores modificaciones desde hace más de dos décadas y que nos ha permitido transferir activos del estado al sector privado, promover inversiones en minería e infraestructura, elevar la inversión pública a pesar de la ineficiencia de los gobiernos sin  una visión institucional, solo guidados por la coyuntura y temerosos de emprender reformas profundas.

Por eso, muchos nos preguntamos, donde están los economistas, abogados, sociólogos, filósofos, comunicadores, los representantes de los partidos, para asumir la defensa  del liberalismo desde los conceptos del hombre, del mercado, de la libertad de creación, de la educación, de la cultura, de la justicia y de tantos temas propios a la construcción de una corriente política. Pues, no los vemos,  porque no los hay. Nos rodea el lugar común, la frase oportunista, el dicho de coyuntura, el figuretismo y la ignorancia en sus modos más extremos, el lobbismo más descarado, quizá porque ha primado el mercantilismo y no en un proyecto político con bases ideológicas sólidas.

Tal vez sin proponérselo, Vargas Llosa nos da su recuento personal y de cómo devino en converso del liberalismo, pero sobre todo desnuda el páramo intelectual del liberalismo que habita el Perú al no tener quien defienda con la solidez intelectual y cultural un modelo que empieza a mostrar fisuras y grietas. Esa es la gran tarea que deja nuestro escritor a los liberales. La ruta está trazada. ¿La podrán recorrer?   

(*) VARGAS LLOSA, Mario; La Llamada de la Tribu.