CAMBIOS PLANETARIOS SON OPORTUNIDADES PARA EL PERÚ

Redacción 25 de febrero del 2019 - 10:15 AM

Por Manuel Ernesto Bernales Alvarado – Politólogo y Administrador Público

Para el desarrollo económico y la reducción de pobreza.

En los últimos 30 o 35 años han crecido dos visiones ideológicas polarizadas y estereotipadas: la anti extractivista y la anti ambientalista. Pero hoy está ventilándose una mejor visión realista y estratégica: crecimiento duradero con mejor calidad de vida desde abajo (no solo de más ingreso monetario), mediante una sinergia entre economía, sociedad – Estado y ambiente, con articulaciones entre minería metálica y no metálica, con energías bajas en carbono, y ciencia, tecnología y desarrollo de capacidades humanas.

Dicha visión se gesta desde activistas sociales, prensa y redes independientes, empresarios innovadores, académicos especialistas con una visión de totalidad, complejidad y prospectiva, organismos mundiales y regionales políticos, fomento de inversiones, desarrollo y seguridad humana o viceversa.

Revisemos. El anti extractivismo se fundamenta en hechos históricos y actuales evidentes: graves pasivos ambientales, unidos a enormes costos y riesgos, no siempre por mal uso del suelo y del agua; asimismo en reacciones sociales y políticas contra una minería con más de 200 años de extracción con pésima o ausente remediación ambiental, o creación de activos a partir de pasivos ambientales, cosa que se hace cada vez más en el mundo.

Crisis económicas periódicas en negativa interacción con políticas han sido y son parte de la historia mundial y nacional. Basadre inclusive, citando al sabio arequipeño De Rivero, ha documentado la minería en los ciclos históricos. El cine lo ha mostrado desde Qué verde era mi valle (1941, J. Ford, cinco premios Oscar),Caliche sangriento (1969, H. Soto, histórica sobre la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia financiada por el Imperio Británico que se queda con las minas por la deuda del Estado agresor), The Molly Maguires (M. Ritt, 1970), Quebracho (1974, R.Wullicher, la primera parte trata de la sobre explotación forestal), Rapa Nui (1994, K.Reynolds), Apocalypto (2006, M.Gibson), Avatar (J.Cameron, 2009), son películas que, ora destacan la conjunción de fenómenos climáticos extremos, antes del cambio climático antropocénico del capitalismo industrial y de los Estados estalinistas (incluidos los sobrevivientes de la implosión y el gran naufragio); ora muestran los daños inherentes del capitalismo industrial en diferentes contextos. La literatura nacional de calidad internacional, Vallejo o Scorza, también ha cultivado esa visión devenida idea, creencia y cultura, fortalecida por la enseñanza no formal y la escolar, cuya profunda crisis es inocultable.

Nutren, pues, esta visión apocalíptica los desastres ambientales, humanos y económicos y políticos de dominio universal, como los ocurridos en el Brasil en los últimos 30 años; así mismo, las nuevas demandas ampliadas de los Derechos Humanos de indígenas y del ambiente; por ejemplo en Chile, Papúa Nueva Guinea o Las Bambas. Entre nosotros la polarización tiene un polo duro y bien apertrechado que hace gala de una ideología unilateral que ve al Perú como si solo fuera país, o mejor, Estado minero. ¡Otros vieron Estado cauchero, guanero, pesquero o únicamente maderero! Hay un bloque de actores que cierra circuitos y sus protagonistas, voceros y asociados se refuerzan a sí mismos, incluidos académicos que ignoran evidencias de la realidad y del progreso científico, tanto como lo hacen sus opositores anti mineros.

Factores como los mencionados unieron ideologías, laicas, fundadas en el derecho público vgr justificaciones del socialismo de la era soviética, con cosmovisiones religiosas utópicas que apelan al Nuevo Testamento y una moral “desencarnada”. Hay ambientalistas que emplean de modo parcial y fundamentalista la Laudato Si, como si fuera paradigma contra las inversiones extractivas. Los políticos contrarios a las industrias extractivas hacen caso omiso del pésimo resultado ambiental y humano de los Estados del socialismo real que ni en teoría consideraban la dimensión ecológica, menos aún la sostenibilidad. La misma lógica o sentido emplean los políticos antiambientalistas. Ambos colectivos tienen sus manuales estilo agitación y propaganda.

Ahora, para salir adelante como Estado Nación de todas sus sangres, hay experiencias e investigaciones que fundamentan una mejor visión. Cumplir con los acuerdos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, y de Cambio Climático, Conferencia de las Partes de París, aún en un escenario moderado, no optimista ni pesimista, que sería fatal, demanda más y mejor en recursos, dinero, tiempo, esfuerzos, ciencia y tecnología, invertidos sistemáticamente en actividades cero o menos generadoras de gases de efecto invernadero.

Este imperativo es parte inherente de la nueva forma de producir necesita de la minería metálica y de la no metálica para tener diversos metales e insumos como tierras estratégicos para producir bienes modernos y energía limpia. Ejemplos: aluminio (incluidos sus componentes clave, bauxita, cobalto, cobre, manganeso, níquel, litio, metales del grupo del platino, tierras raras, cadmio, molibdeno. Tenemos estos recursos naturales, ¡la cornucopia del Escudo Nacional los simboliza!

Pero hay que invertir en toda la cadena que va de la exploración al excelente cierre de minas, asunto por lo general omitido. Sin búsqueda no se halla nada y nada sabemos de qué, cuánto y con que posible futuro tenemos, según el tipo de explotación. Aún aventajamos en energía menos cara para inversiones mineras. Lo mejor es que nuestro territorio nacional permite generar otras fuentes de energía mejores y cada vez menos costosas y seguras como la del viento y el sol. Andamos muy mal en redes de transporte multimodal.

Hay opciones que resueltos los problemas de seguridad pueden ser puestas en valor, como la geotérmica. Inversiones en grandes centrales hidroeléctricas han sido seguidas, evaluadas y consistentemente no recomendadas en todo el mundo. Algunos Estados, como China, lo han hecho, si bien ahora el Partido Comunista y el gobierno hacen públicas sus preocupaciones sobre sostenibilidad, a partir de encarar desastres incluidos los que afectaron parte de su Patrimonio Cultural Material, la vida y futuro compartido de pueblos con millones de habitantes.

Salvo los Estados Unidos de América del Norte, de manera destacada, han asumido o están asumiendo la dimensión compleja del cambio climático y del calentamiento global en sus patrones de producción y consumo. Debemos acotar sin embargo que el período antinuclear y anticarbón no están disminuyendo como se propuso hace varias décadas.

Las transiciones hacia formas de sostenibilidad o durabilidad ya no son una utopía, sino que armonizan en grados variables según las regulaciones, intervenciones y decisiones, la ganancia del capital financiero, tecnológico y de grupos de poder con, no solo el mero crecimiento, sino el desarrollo y la seguridad humana de personas y grupos así como del cuidado de la “Casa común”.

Hay: metales claves para tecnologías diversas: eólicas, solares, energía almacenada en baterías; precios menores para medios de producción de energía eólica; demanda de metales para células fotovoltaicas. Y buenas perspectivas para países como el Perú, si se logra decisión nacional, no solo gubernamental, episódica, ni de una parte de los grupos de interés.

Existe una gran ventaja en las varias dimensiones y localización de empresas competitivas para esta nueva realidad mundial y nacional. Antaño se dijo “lo pequeño es hermoso”, frente a mega obras e inversiones faraónicas que aquí son aún sueño de probos y de corruptos. Aprovechemos diseños de sistemas para distintas escalas territoriales acotadas, caso cuencas, así como partes de ciudades grandes como la conurbada Lima-Callao y sus distritos apetecidos por candidatos y clientes, empleados o consultores.

En 1965 la OECD publicó Technological forecasting in perspective, editado por Erich Jantsch. Sesenta años después hasta el Foro Económico Mundial, WEF, en Davos, 2018 y 2019 recoge las demandas y retos para no caer en el abismo, como en una calle sin retorno. Esta transición de la economía y sociedad hacia la economía y sociedad compartida y sostenible, está siendo planteada y pensada en nuestros país desde la perspectiva de la energía y sus articulaciones positivas con otros sectores en diversos territorios a escala nacional y multinacional, por actores estatales, privados, académicos, especialistas en las ramas de energía, minería y metales, así como de economía, derecho y otras ciencias sociales aplicadas. Todos con miradas estratégicas de complejidad y operacionalización en medidas y decisiones en favor de estas nuevas inversiones. La práctica normativista, declarativa, prohibicionista o estilo “políticas de Estado” en papel, que no se cumplen, va quedando atrás.

El diálogo sobre energía de mañana, no solo de hoy, menos con patrones de ayer, aunque sin prohibir inversiones buenas en hidro, gas o petroleo indispensables para no perder más de los que ya se perdió y se continúa perdiendo, debe interactuar con una acción de planeamiento estratégico nacional no de una o dos partes, en minería y metales, así como en planeación territorial íntegramente considerada, empezando por áreas vitales como la central, sur oriental, norte y centro oriental, o bien por la de cinco departamentos amazónicos que se amarran con otros de costa y sierra en una transversalidad natural y humana.

Debo resumir lo planteado en febrero de 2016 en términos no de todas las industrias extractivas, solo de minas y metales y de energía, claves para la menguada seguridad territorial y desarrollo del Perú:

Para que la minería metálica y no metálica pueda seguir desarrollando todos los efectos virtuosos en el crecimiento y la reducción de pobreza no solo se necesita una estrecha coordinación entre Ejecutivo y Congreso sino articular con otras políticas como de transporte o de servicios básicos con los gobiernos regionales y locales ejerciendo plena autoridad estatal con los siguientes criterios:

Superar la violencia con mejores estándares y actuaciones de las fuerzas del orden. Trabajar mejor para una buena gestión del territorio y organizar cadenas productivas intersectoriales y superar riesgos ambientales ancestrales y nuevos!

-La “red del gobierno de la República en sus tres niveles” urge ser ajustada. Armonizar lo central y lo descentralizado; el consenso o “licencia social” y el cumplimiento de requisitos legales; uno existe debido a lo otro, en reciprocidad.

-Transparencia en los tres niveles y poderes del Estado y las “industrias extractivas”.

-Gestión de excelencia en Ambiente y Cultura, que algunos pretenden liquidar,, en vez de buscar articulación y valor agregado con inversiones que también incluyen transporte, pesca y comunicaciones.

-Unidad de doctrina, enfoque, metodología y mando desde los inicios hasta el cierre de proyectos.

-Equipo de promotores residentes en las zonas directas e indirectas de cada proyecto, bien seleccionados, entrenados, supervisados y remunerados para lograr condiciones cohesivas y superar los diferendos en contextos de diversidad geográfica, social, cultural y política. No se gana ningún partido sin luchar en la cancha.

-Inversiones en educación y salud interculturales. Programas de alfabetización de alta calidad y micro capacitaciones de en zonas de influencia directa e indirecta, definidas como zonas vitales estratégicas. .

-Desterrar la excesiva normatividad que autoridades o nuevos candidatos quieren incrementar por ejemplo con promesas electorales.

-Dejar atrás las fórmulas o manías “metodologistas” y abuso de nuevas expresiones para viejos problemas y superar el clientelismo.

-No hay autarquía ni soberanía sub nacional: y fortalecer el papel de coordinación de la Presidencia del Consejo de Ministros antes que “sector para atención de conflictos de toda índole” y para que el MEF actúe en consecuencia. Se debe subordinar a las políticas generales a los ministros sectoriales y la red de entidades como la Autoridad Nacional del Agua y los gobiernos regionales a la autoridad nacional.

-La “cadena de responsabilidad y mando debe también incluir la sujeción de miles de distritos y provincias al gobierno de cada Departamento y éste tener mecanismos bien claros y periódicos de gestión con las municipalidades y participación del Gobierno Nacional, no solo del Ejecutivo. Hoy, por inacción, el Poder Judicial decide en materia de qué y cómo gestionar.

-No menos importante: las reformas políticas y electorales pueden empeorar las de gestión. El período de gestión debe ser el mismo para los tres niveles de gobierno y se debe respetar la realidad geográfica y humana republicana que ha sido quebrantada por la invención de departamentos, provincias y distritos sin sustento ni porvenir.