BUROCRACIA PARASITARIA

Redacción 11 de septiembre del 2017 - 1:44 PM

Por Ántero Flores-Aráoz

Por si acaso la frase que contiene el título de esta columna, no es de mi autoría, sino de la del Presidente de la República Pedro Pablo Kuczynski quien la repitió el 28 de agosto 2017 en Tacna, en su discurso previo a la Procesión de la Bandera, en conmemoración de la reincorporación de la heroica Tacna a la heredad nacional.

La expresión del Presidente de la República, fue como respuesta al reclamo de la representante de las mujeres tacneñas por diversas obras que están inconclusas y otras que ni siquiera se inician pese a haberse concluido estudios y proyectos.

El Presidente con toda certeza afirmó que muchas veces las órdenes que vienen desde los más altos niveles de gobierno, se estrellan contra la “burocracia parasitaria”, a lo que podríamos agregar que cobra sus retribuciones, por más magras que pudieran ser, pero lamentablemente no cumplen sus funciones, y para justificar su presencia imponen absurdos requisitos, trámites, documentos, informes y cuanta acción existe, no para apurar sino para postergar las cosas.

La indolencia a veces es muy grande, pero los miedos a firmar informes y resoluciones, otorgar licencias, autorizaciones y permisos acompañan a la primera, y como resultado el país no avanza, los precios se incrementan, y la población se sulfura ante la demora, y con toda razón.

Al Presidente habría que decirle que su dicho tiene verdad, aunque no generalizada para toda la empleocracia pública, pues también existen funcionarios muy comprometidos con el desarrollo del país, con el cumplimiento de sus obligaciones laborales y con respeto a las instrucciones que reciben desde la cumbre del poder gubernamental.

El actual Gobierno tiene el compromiso desde la campaña electoral de destrabar las inversiones postergadas por absurdas disposiciones así como también de simplificar trámites y requisitos que agobian a los administrados.

El Gobierno Nacional tiene tres caminos que son concurrentes para lograr cumplir con su oferta electoral antes resumida.

El primero es dictar las disposiciones que están dentro de sus competencias para destrabar las inversiones tan necesarias para el país, y si requiriese normatividad emanada del Parlamento, puede presentar cuanto antes sus proyectos de Ley, pues ya se le pasó más de un año de notoria pasividad.

El segundo camino es simplificar tanto trámite y requisitos absurdos, que molestan a los administrados e incluso liberar a la Presidencia del Consejo de Ministros de la adscripción a él de innumerables entidades públicas. Algo se hizo con la delegación de facultades legislativas, pero ello fue muy tenue, y su timidez normativa para la simplificación ha sido más que evidente.  Es hora de hacer las correcciones necesarias y liberar a la PCM de obligaciones que pueden trasladarse a otros Ministerios para que el Presidente del Consejo de Ministros se concentre en sus principales deberes y ser el gran coordinador del trabajo de todos los sectores y de mejor relacionarse con los otros Poderes del Estado.

El tercer camino no es otro que hacer cumplir las disposiciones de la administración pública y sancionar, de ser el caso, a quienes como se dice desde antiguo “amarran el macho”.