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Redacción 20 de febrero del 2018 - 10:45 AM

Por Roger Grández Ríos – Director del  Instituto de Desarrollo Socioeconómico (IDS) – Loreto

A las protestas del arroz del mes de diciembre 2017, le siguió un mes después el de la papa, y podrían seguir sumando otros productos más a esta lista de bienes agrarios cuyos precios en chacra se encuentran por los suelos, o no cubren sus costos de producción y, lo que es peor, sienten que su esfuerzo de su mano de obra, cada vez en más indigno.

Protestas que argumentaron y exigen mayor protección arancelaria o limitar el acceso de productos importados al mercado nacional, y que cada vez ingresan con mayor facilidad al mercado, como consecuencias de los numerosos acuerdos comerciales existentes haciendo que los aranceles se reduzcan y se vuelvan planos en el tiempo.

Un comercio mundial libre al tránsito de bienes en un sistema de comercio global donde no todos juegan limpio, donde se elaboran esquemas proteccionistas y beneficios tributarios para cuidar sus mercados y al mismo para extender sus productos en el mundo; poniendo en riesgo la estabilidad económica de los países, sobre todo aquellos que tienen escaso peso en el comercio mundial, como es el caso de nuestro país.

Las rebajas arancelarias no solamente tienen el enorme poder en el ingreso de bienes y equipos a los mercados con relativa facilidad aduanera, sino también influye enormemente en los costos de distribución en una línea de producción, trasladándose al precio final obteniendo ganancias, tanto por el lado del consumidor, con rebaja en el precio, como por el lado del productor, al aumentar sus beneficios, por una mayor demanda.

Sin embargo, durante todos estos años, se ha visto perjuicios y beneficios en cada uno de los lados. La rebaja arancelaria viene perjudicando a la poca tecnificada y escasamente diversificada producción nacional y donde los incentivos para su transformación, ya sea de su acceso a créditos, su formalización, establecer precios de refugio, tecnologías y beneficios tributarios se orientan a debilitar el sector que a fortalecerlos; por otro lado, los precios de los productos importados o transformados localmente en la gran industria no han mostrados rebajas sustantivas, es más, ellas vienen mostrando precios cada vez más altos en los mercados, obteniendo beneficios acumulados.

En esta línea, uno de estos sectores que mayores beneficios viene registrando son las empresas de servicios logísticos o empresas de distribución, y una de las más representativas es ALICORP S.A.A, que según la Superintendencia de Mercado de Valores (SMV) sus utilidades netas paso de s/.10 millones en el 2014 a s/.453 millones al finalizar 2017.

Las regiones o los territorios que se dedican a la producción agraria, como el arroz, papa, maíz, yuca, limón, plátano y otros, como la madera, siempre van a permanecer pobres; y si bien Loreto y la Amazonía calza en este esquema perverso de desarrollo global, la meta es caminar hacia una distinción de clase exclusiva, como de presentar productos orgánicos y productos que resalten sus beneficios nutraceútico, como el aguaje, ungurahui, huasaí, camu camu, dale dale y otros que tienen un enorme potencial de desarrollo, y que decir de los productos maderables, juegan un partido apostando a ganador. Activar no es sencillo, pero el factor de importancia que va impulsar una amazonía y un Loreto diferente, son sus hombres con una sola idea de conciencia: la idea clara sobre desarrollo consensuado.