EDITORIAL: HACER A AMÉRICA CONFIABLE DE NUEVO

Redacción 14 de mayo del 2018 - 9:30 AM

Fuente: El Comercio 

La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del pacto nuclear con Irán es una pésima señal para el mundo.

Si algo ha distinguido a Estados Unidos de sus vecinos australes a lo largo de los años ha sido su hercúlea institucionalidad, nutrida en el respeto irrestricto a las normas y en un sistema bien calibrado de contrapesos entre los poderes del Estado. Así, a diferencia de los países de esta parte de la región (acostumbrados a regímenes que hacen y deshacen a su antojo, saltándose las leyes y emitiendo constituciones cada tanto), EE.UU. ha exhibido una dirección política en la que el concepto de ‘Estado’ ha primado sobre los deseos de los gobernantes de turno.

En ese sentido, uno podía tener cierta predictibilidad y confianza sobre los acuerdos que firmaba una administración y estar convencido de que lo suscrito se respetaría entrase quien entrase a la Casa Blanca.
Con Donald Trump, sin embargo, esto parece haber quedado atrás.

Como se recuerda, desde que juró el cargo, el presidente ha demostrado que no le tiembla el pulso para cargar contra algunos acuerdos rubricados por sus antecesores, poniéndolos en duda o liquidándolos con argumentos que más parecen excusas. Trump, por ejemplo, ha abandonado el Acuerdo de París contra el cambio climático –que demandó un enorme esfuerzo para comprometer a las potencias mundiales–, ha sacado a EE.UU. del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP) –para luego, increíblemente, amagar con volver– y ha iniciado la renegociación del Nafta, amenazando a México, una de las partes, con liquidar el tratado si no detiene el “flujo de droga y de personas”.

La semana pasada, empero, el republicano dio un paso más al retirar a EE.UU. del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), un acuerdo alcanzado en el 2015 por su predecesor, Barack Obama, junto a otras cinco potencias –Rusia, China, Alemania, Reino Unido y Francia– para congelar el programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de sanciones. Como se sabe, el tratado introdujo una serie de condiciones que hacían imposible que, en el corto plazo, el régimen iraní pueda acceder a la bomba atómica. La decisión de Trump fue lamentada por Irán y Rusia, así como por sus aliados –Alemania, Reino Unido y Francia– que le habían pedido no abandonar el PAIC.

“Ese horrible acuerdo unilateral que nunca se debió haber firmado no ha traído la calma, no ha traído la paz y nunca lo hará”, sostuvo Trump el martes al hacer pública una medida que ya había anticipado en la campaña. En su alocución, el presidente advirtió que EE.UU. “ya no hace amenazas vacías” y calificó el acuerdo con Irán de “fracaso”. Esto último, a pesar de que el Organismo Internacional de Energía Atómica –entidad relacionada a las Naciones Unidas y encargada de fiscalizar el pacto– ha certificado hasta en 11 oportunidades que Irán venía cumpliendo con lo acordado.

De un modo más general, la medida de Trump ratifica esa peligrosa sintomatología que ha mostrado desde candidato. Pues si algo está claro es que el gobernante del país más poderoso del mundo está dispuesto a desoír las recomendaciones y consejos de sus aliados y a pisotear los pactos suscritos por sus antecesores con tal de ver concretadas sus temerarias propuestas electorales.

Y si bien es cierto Trump puede dar marcha atrás en estos acuerdos, el coserlos y descoserlos de un plumazo impacta en la confianza del resto de países y coloca a EE.UU. en un terreno nebuloso en el que cualquier pacto vigente podría ser puesto en entredicho por el mandatario. ¿Qué garantías hay ahora de que el país norteamericano concrete un acuerdo nuclear con Corea del Norte si no ha respetado el firmado hace apenas tres años con Irán? ¿Quién podría asegurar que los tratados que ahora rubrique Trump no serán liquidados mañana?

Al acceder al cargo, Trump prometió que su presidencia buscaría hacer a “América grande de nuevo”. No obstante, lo que ha exhibido en sus 16 meses de gobierno, con sus ataques destemplados hacia la prensa, su discurso alejado de la verdad (el diario “The Washington Post” ha contabilizado más de 3.000 inexactitudes de Trump en lo que va de su presidencia) y su afán de desconocer los acuerdos de EE.UU., es que lo que haría falta recuperar es esa confiabilidad que ha hecho del país norteamericano la potencia que es hoy. Digamos, algo así como, un “hacer a América confiable de nuevo”.